La familia es el agente socializador más importante para el desarrollo de nuestros pequeños, por este motivo los docentes tienen que tener en cuenta las diferentes tipologías que encontramos. Son muchos los autores que han dedicado su tiempo a estudiar el papel de la familia en la educación como es el caso de Gallego Ortega, Alice Miller o Angélica Olvera, entre otros. Así, y tras el estudio de varios autores podemos hablar de diferentes estilos parentales que varían con el paso del tiempo y con la sucesión de las circunstancias. Nos encontramos el estilo democrático o autorizativo, estilo autoritario, estilo indulgente o permisivo o estilo negligente.
Se está llevando a cabo un modo de crianza y educación que nos llevará a
crear una sociedad Blandiblub. ¿Realmente esto
es cierto? ¿Cómo podemos evitarlo? Actualmente nos encontramos que se tiende a
un estilo parental basado
en la sobreprotección. Las familias se muestran excesivamente preocupadas
cuando sus hijos se encuentran sin nuestra ayuda, cerrándoles oportunidades y
creando en ellos una sensación de dependencia y miedo hacia el mundo que impedirá
su desarrollo integral correcto.
¿Demasiados
premios?
Es normal que
como padres tengamos miedo a que nuestros pequeños sufran, se hagan daño, se
caigan y queramos protegerles. Pero esto siempre tiene que tener unos límites,
sino estaremos creando en ellos un concepto de sí mismos bastante degradado en
el que no ponen a prueba su competencia personal y crearemos personas muy
dependientes y con actitudes egoístas. Como
padres no debemos provocar en los niños miedo e inseguridad, sino limitaremos
su desarrollo emocional y, por consiguiente, su proceso de maduración
llegando a crear en alguna ocasión indefensión aprendida y efecto Pigmalión.
Además de todo
esto, los padres y madres sobreprotectores tienden a dar demasiados premios
para evitar discusiones ofreciéndole al niño todo lo que pide y olvidando que
desde muy pequeños necesitamos responsabilidades. Esta sobreprotección produce en las familias estrés, sobre preocupación y
un exceso de protección, olvidando que los niños, niños son y necesitan espacio
para jugar, equivocarse y aburrirse. Pero además esto afecta a la hora
de acudir a la escuela, ya que los sobreprotegidos están acostumbrados a que se
les faciliten tanto las cosas que sufrirían un gran choque con la realidad al
ver que en la escuela deben esperar para ser atendidos, esperar su turno de
palabra, compartir, ya que va a tener 24 personas más solicitando lo mismo que
él.

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