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martes, 28 de marzo de 2017

Cómo estamos matando la infancia de nuestros hijos

Niños y niñas que lo han visto y hecho todo, a los que nada sorprende e interesa, porque todo lo tienen a un clic.


¿Hemos matado la infancia? Vaya, que pregunta más exagerada. ¡Si están más que vivos esos niños! Les aburren las muñecas y no se conforman con el tradicional pilla, pilla. Mírales qué despejados, qué avanzados y “maduros” van, vestidos sexys, con esas poses sensuales, con tacones, peinados degradados, sujetadores acolchados e iPhone 6 en las manos. ¡Qué gracia nos hacen! ¡Qué monos son!

Niños y niñas que lo han visto y hecho todo, a los que nada sorprende e interesa, porque todo lo tienen a un clic y al instante, antes de desearlo. Desde los dos años, dejados a sí mismos navegando en sus cunas, sus delicados deditos encontraron imágenes dañinas que quedaron para siempre grabadas en sus mentes inocentes.

Niños cínicos que han disparado y matado cientos de miles de veces por videojuego, y que han perdido la sensibilidad y la capacidad de interpretar una mirada y de tratar a otros con delicadeza. Niños sin asombro, que se han quedado ciegos ante la belleza de la realidad, incapacitados para sintonizar con ella. Niños esclavizados por modas y cánones de belleza que los convierten en escaparates o en carne de cañón de la anorexia y de una erosionada autoestima. Niños con la mochila escolar bien pesada y con la agenda tan llena como la de un pequeño ejecutivo estresado. Niños que nunca han tenido tiempo para hacer ondas con piedras en el agua, o para provocar un caos logístico en una ruta de hormigas, pero que saben más de pornografía que los jóvenes de antaño que compraban a escondidas y tras muchos obstáculos alguna que otra revista. Y que nos vengan diciendo esos simpáticos moderados, que no es para tanto y que el consumo en papel o en wifi es lo mismo.

Todas las etapas de la vida son hermosas en sí, no lo son solo en relación con otras. ¿Cuándo entenderemos que el niño NO es un pequeño adulto inacabado? Es un ser, ciertamente en construcción, pero un ser en sí, con dignidad completa, no parcial.
Tenemos dignidad por el mero hecho de existir, aunque nuestro modo de ser guste o no a las redes, a las modas o a los estándares de turno.

No, no hemos matado la infancia. Cada día, sin darnos cuenta de ello, estamos aniquilándola. Y es tiempo que todo eso deje de hacer gracia y que empecemos a poner remedio a esa impune masacre.

Niña se maquilla en el baño.

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