¿Cómo hablar a los niños para aumentar
su vocabulario?
Aprender vocabulario es de vital importancia para los
niños, ya que contribuye a su desarrollo cognitivo y socio-emocional y facilita
la adquisición posterior de la lectura. De hecho, uno de los mejores
predictores de la habilidad de un niño para aprender a leer y rendir
adecuadamente en el colegio es la cantidad de vocabulario que posee en el
momento de entrar en la escuela infantil.
Para cuando los niños comienzan el colegio, la cantidad de
vocabulario que poseen varía notablemente de unos a otros. Si bien es cierto
que la genética juega aquí un papel importante, existe evidencia abundante
sobre el peso que tiene el ambiente en la cantidad de vocabulario que usan los
niños, la complejidad de las estructuras que emplean y la habilidad que tienen
para comunicarse. Aunque son muchos los factores ambientales que están detrás
del desarrollo del lenguaje de los pequeños.
Para comenzar, conviene subrayar que es muy importante que
los progenitores adopten una forma de hablar a los pequeños que fomente el
aprendizaje de nuevas palabras.
Un estudio que siguió de cerca a niños de origen
socio-económico alto y bajo desde los 9 meses hasta los 3 años de edad mostró
cómo los progenitores del segundo grupo de niños:
·
Oían menos palabras nuevas
·
Recibían más órdenes
·
Oían menos preguntas y menos turnos de palabra
·
Recibían menos respuestas a sus manifestaciones.
Como resultado, para cuando habían cumplido los 3 años,
los niños provenientes de familias con ingresos bajos habían escuchado 30
millones de palabras menos y poseían menos de la mitad de vocabulario que sus
iguales provenientes de familias con ingresos altos (1Hart
& Risley, 1995).
De 0 a 6 meses.
La forma más efectiva de comunicación de los progenitores
con el pequeño se caracteriza por exagerar los sonidos y las expresiones
faciales para captar su atención. Específicamente, esta comunicación se
caracteriza por hablar más despacio, alargar el sonido de las vocales, usar una
gama amplia de tonalidades, abrir los párpados y suavizar el rostro.
De 6 a 18 meses.
A esta edad, su lenguaje receptivo precede a su lenguaje
expresivo en unos 6 meses. Así, los niños pueden señalar su nariz unos 6 meses
antes de que puedan decir la palabra “nariz”. los niños aprenden mejor a partir
de conversaciones apoyadas en el presente y centradas en articular la atención
entre el cuidador y un objeto que esté dentro de su campo visual o bien
imágenes vivas de objetos, personas o animales contenidos en cuentos ilustrados.
Los gestos y el señalar con el dedo son también elementos muy importantes en
estas edades.
De 18 a 36 meses.
Durante los meses en los que los niños comienzan a
caminar, y a medida que sus habilidades cognitivas y verbales se desarrollan,
los progenitores pueden ofrecer a los pequeños conversaciones más exigentes. Por
ejemplo, formularle preguntas del tipo “qué”, “quién” o “por qué” ayuda al niño
a adquirir un vocabulario más amplio y a desarrollar habilidades de
razonamiento. El siguiente paso consistirá en incrementar las conversaciones
basadas en los turnos de palabra.
Más allá de los 36 meses.
A esta edad, tanto el uso descontextualizado del lenguaje
como la introducción de vocabulario menos frecuente han mostrado ser
predictores del vocabulario y comprensión lectora futuros del niño (Rowe, 2012).
promover en el niño la habilidad de narrar mediante el uso de palabras que
cuentan una historia, con un principio, un nudo y un desenlace, es un
prerrequisito para la adquisición de la lectura y la capacidad de conversar.
Por último, el empleo de preguntas más difíciles del tipo “cómo” o “por qué”
favorecen que el niño comience a razonar sobre el mundo y lo mismo sucede al
responder a sus preguntas con explicaciones claras que además contribuyen a que
el pequeño adquiera nuevos aprendizajes.
Los cuentos ilustrados.
Además
de favorecer las relaciones padre-hijo, despertar el gusto por la lectura,
mejorar la decodificación de palabras o promover la comprensión lectora, leer
a los niños una manera fácil y eficaz de aumentar su vocabulario. Una de las
razones que explican este hecho es que adquieren una sintaxis más compleja y un
vocabulario más rico que su habla en otros contextos.

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